Egipto y sus Pirámides

Un destino incierto, en este momento tan enrevesado que están viviendo en Egipto, pero, lo increíble de este país es que, a pesar del tiempo pasado, sus pirámides siguen siendo el foco de atención de millones de personas que desean verlas o que ya las han visitado y querrían volver, para sentirse inmersos en un pasado histórico que nada tiene que ver con lo que conocemos ahora mismo.

 

 

Monumentos levantados a golpe de sangre y miles de muertes… esclavos que lucharon por mover sus megalíticos bloques de piedra desde el Nilo, donde los barcos llegaban por cientos para transportarlos y dejar que los hombres y mujeres esclavizados por el poderoso señor o señora de su tiempo, se dejaran la piel (literalmente) entre esas ardientes arenas para llevarlos a varios kilómetros y seguir subiendo y subiendo hasta el cielo como un ariete que rompía las estrellas.

 

 

En aquellos momentos, una pirámide tan alta como las de Gizet, era considerada divina y el justo hogar para el difunto faraón o faraona y sus descendientes, familiares y esclavos de confianza. Majestuosas, impresionantes y símbolo de un feudalismo imperialista que no dejaba respirar al pobre que le tocaba estar bajo la suela de las elaboradas sandalias del dios en la tierra, también llamado faraón.

 

 

Sarcófagos monstruosos, repletos de falsas deidades y llenos de laberintos para que nadie pudiera arrebatar sus tesoros, los que creían que se llevarían al otro lado del velo… El polvo del desierto donde moran las pirámides, está lleno de polvo de huesos y piel de esclavo. Muertos sólo por el fruto de la codicia y el falso endiosamiento de éstos privilegiados que creían tener en su mano el destino de los demás.

 

 

Destino magnífico para unas vacaciones diferentes, pero por lo contrario de lo que el mundo ansía cuando quiere ver las pirámides… para mi son una cura de humildad, un recuerdo de la barbarie, la tristeza, las lágrimas y la sangre derramada por los que tuvieron que acatar las órdenes de los fieles y leales capataces que antaño, habían sido también esclavos como a los que martirizaban en su momento de gloria y poderío. Un llanto y un clamor silencioso que los olvidados, deberían reclamarnos.

 

 

 

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